Las 10+1 mejores películas para introducirse en el cine japonés


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El cine japonés (y me atrevería a decir que el oriental en general) a menudo puede costar algo de asimilar a humildes occidentales como nosotros. Puede sonar tópico, pero no deja de ser cierto, al fin y al cabo Japón es otra cultura totalmente diferente a la nuestra con una manera de contar sus historias diferente. Aunque hoy día la influencia occidental ha hecho que las diferencias entre occidente y oriente sean cada vez menores, sigue siendo frecuente que el neófito sienta cierto reparo a la hora de enfrentarse a la vasta cinematografía nipona. Por ello, como humildes servidores suyos, les proponemos una ayuda seleccionando 10+1 películas para introducirse en el cine japonés en riguroso orden cronológico (no hemos incluido por cierto películas de animación porque bastante nos ha costado reducir la selección sin incluir al célebre estudio Ghibli).

Teniendo en cuenta que Japón es uno de los países con una cinematografía más interesante del mundo, inevitablemente nos dejaremos obras imprescindibles. Tomen esta selección como un primer vistazo introductorio, pero luego anímense a profundizar más allá, vale la pena.

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10. Los Niños del Paraíso (1948) de Hiroshi Shimizu

Aunque resulta imperdonable que no haya seleccionado ninguna película anterior a la II Guerra Mundial, espero que mis amables lectores sepan compensar ese vacío (los años 30 fueron especialmente productivos a nivel cinematográfico en Japón) y entiendan que ésta es una lista dirigida más a no iniciados, y que el cine japonés anterior al conflicto bélico no es quizá la mejor puerta de entrada.

Pasando al caso que nos ocupa, Hiroshi Shimizu es uno de los cineastas más importantes del país en los años 30 aunque la historia ha acabado relegándole a un injusto segundo plano. He seleccionado no obstante esta obra de su periodo de postguerra porque creo que la historia que cuenta difícilmente dejará de conmover al espectador: las andanzas de un soldado y varios huérfanos en búsqueda de un lugar en el que asentarse en un país que estaba reconstruyéndose tras la II Guerra Mundial. Shimizu, que solía trabajar con actores infantiles, utilizó aquí a huérfanos reales y rodó la historia en exteriores para mostrar el Japón destrozado de postguerra.

Otras películas del mismo director o estilo: Mr. Thank-You (1936) de Shimizu y Veinticuatro ojos (1954) de Keinosuke Kinoshita.

cuentosdelalunapalida9. Los Cuentos de la Luna Pálida de Agosto (1953) de Kenji Mizoguchi

A la hora de hablar de cine japonés clásico se suele decir muy a menudo que hay tres grandes nombres: Akira Kurosawa, Kenji Mizoguchi y Yasujiro Ozu. Aunque eso implica dejar de lado a otros grandes cineastas, no es tampoco una apreciación muy desencaminada ya que son directores excepcionales.

Mizoguchi fue junto a Kurosawa el primer director japonés en ser descubierto en occidente de la mano del film que nos ocupa, y si le echan un vistazo entenderán por qué fascinó tanto a un público que no había visto casi nada de cine oriental, ya que se trata de un drama de época magistralmente filmado con referencias a la imaginería que uno espera de la cultura japonesa.
Una de las mejores películas de la historia del cine.

Otras películas del mismo director o estilo:
Historia del Último Crisantemo (1939) y El Intendente Sansho (1954) de Mizoguchi.

sietesamurais8. Los Siete Samuráis (1954) de Akira Kurosawa

La puerta de entrada al cine japonés clásico es Akira Kurosawa, y eso no merece discusión. No solo porque era un cineasta absolutamente extraordinario, sino porque a diferencia de otros de sus compañeros tenía un estilo más occidentalizado que hace que sus películas nos sean más fáciles de asimilar. No es de extrañar por tanto que fuera el primer gran director japonés conocido y respetado en occidente, tanto por crítica como por el gran público.

Hay muchísimas películas suyas a destacar pero he ido a lo fácil recomendando uno de los mejores films de aventuras de la historia: Los Siete Samuráis (1954), un prodigio a nivel de dirección que además no aburre en sus más de tres horas de duración.

Otras películas del mismo director o estilo: Yojimbo (1961) y Ran (1985) de Kurosawa (en realidad aquí mencionaría como diez películas suyas).

mujerescalerasnaruse7. Cuando una Mujer Sube la Escalera (1960) de Mikio Naruse

Si antes les decíamos que había tres grandes directores en el cine japonés clásico, en las últimas décadas la crítica está tendiendo cada vez más a ensanchar ese número a cuatro, añadiendo a Mikio Naruse. Eso es en gran parte gracias a que ahora sus películas son más fáciles de conseguir y nos permiten juzgar su maestría tras la cámara.

Al igual que Mizoguchi, Naruse centraba la mayoría de sus películas en el conflictivo papel de la mujer en la sociedad japonesa, y de eso trata precisamente Cuando una Mujer Sube la Escalera, de la dueña viuda de un local de geishas que debe decidir qué hacer con su incierto futuro: relacionarse con clientes ricos que la mantengan, casarse por interés o intentar aguantar lo más honradamente posible. A destacar la soberbia actuación de Hideko Takamine, mi actriz japonesa favorita.

Otras películas del mismo director o estilo: La Voz de la Montaña (1954) y Nubes Dispersas (1967) de Mikio Naruse.

HUMAN CONDITION6. La Condición Humana (1959-1961) de Masaki Kobayashi

Algunos de los mejores alegatos antibelicistas de la historia han venido de Japón, quien pagó caro su papel en la II Guerra Mundial. Una de las mejores obras del género es sin duda la trilogía de La Condición Humana, el extensísimo retrato de un joven pacifista que intenta evitar el servicio militar y acaba pasando de su inicial humanismo a un cinismo descarnado.

Las tres películas son sin duda obras maestras del cine antibélico con escenas de una crudeza que en la época era insólita en occidente, y con un inconmesurable Tatsuya Nakadai en el papel principal que le lanzó al estrellato en su país.

Otras películas del mismo director o estilo: Harakiri (1961) de Masaki Kobayashi y Fuego en la Llanura (1959) de Kon Ichikawa.

saborsake5. El Sabor del Sake (1962) de Yasujiro Ozu

De los tres grandes del cine japonés que mencionamos anteriormente, Ozu es sin duda el “más japonés” de todos, de hecho se suele decir que él era el director japonés por antonomasia. Tal es así que en occidente no fue descubierto y valorado como se merecía hasta décadas después de su muerte, ya que las productoras japonesas no creían que sus películas pudieran interesar al público europeo y americano.

A día de hoy en cambio Ozu es el cineasta de mayor prestigio entre críticos y aficionados al cine oriental. Su estilo tan reposado y estático puede costar al principio, pero exhala una pureza y una visión de la vida que lo hacen único. Su obra más aplaudida es Cuentos de Tokio (1953), pero yo me he decantado por su último largometraje ya que creo que es más agradecido como primera toma de contacto y al mismo tiempo sintetiza muy bien su forma de hacer cine.
El gran director japonés clásico por excelencia.

Otras películas del mismo director o estilo: Cuentos de Tokio (1953) y La Hierba Errante (1959) de Yasujiro Ozu.

mujerarena4. La Mujer de la Arena (1964) de Hiroshi Teshigahara

En los años 60 las cinematografías de varios países sufrieron una enorme convulsión con la llegada de las conocidas como nuevas olas: jóvenes cineastas que rompieron moldes y sorprendieron al mundo con una forma de hacer cine muy innovadora en su momento, que dio paso a lo que entendemos como cine moderno. Japón no fue una excepción y en los años 60 salieron a la luz varios nuevos cineastas que sorprendieron al mundo con una revisión de lo que se entendía como cine japonés combinado con el estilo moderno que se estilaba en occidente.

Hiroshi Teshigahara fue uno de los directores que surgió en ese contexto, consiguiendo un éxito internacional inesperadísimo con su film La Mujer de la Arena, que no solo arrasó en festivales europeos sino que ¡fue nominada al Oscar a la mejor dirección! (la primera vez que se nominaba a un director a esa categoría por una película japonesa y una de las contadísimas veces que ha sucedido). El secreto estaba en una historia fascinante con alegorías muy interesantes sobre la pérdida de identidad y en un estilo de realización muy vistoso pero siempre al beneficio de la historia. A modo anecdótico, no puedo dejar de mencionar que se trata de una de mis películas favoritas.

Otras películas del mismo director o estilo: El Rostro Ajeno (1966) de Hiroshi Teshigahara e Intentions of Murder (1964) de Shohei Imamura.

tokyodrifter3. Tokyo Drifter (1966) de Seijun Suzuki

Mientras algunos jóvenes cineastas de formación más intelectual y artística renovaban el panorama cinematográfico de los 60, Seijun Suzuki hacía lo propio desde su trinchera particular: el cine de yakuzas de serie B. Sus películas también resultan apabullantemente modernas para la época pero en otro sentido: por su estilo de dirección (que hoy día nos parece tan maravillosamente sesentero) y el contenido tan descarnado de sus films.

La película que hemos seleccionado cuenta con un ex asesino a sueldo que quiere dejar su antiguo trabajo pero, como supondrán, tendrá numerosos enfrentamientos con clanes rivales. Uno de los más famosos admiradores de Suzuki es Quentin Tarantino, quien se nota que ha bebido mucho de películas como ésta.

Otras películas del mismo director o estilo: La Puerta de la Carne (1964) y Marcado para Matar (1967) de Seijun Suzuki.

ahorcamiento2. El Ahorcamiento (1968) de Nagisa Oshima

Nagisa Oshima es el gran cineasta surgido de la nueva ola japonesa de los años 60, no solo por su estilo de realización tan moderno sino por su carácter tan politizado que le llevó a tratar en sus películas temas conflictivos que ponían en cuestión la imagen tradicionalista de su país.

Aunque se le recuerda sobre todo por El Imperio de los Sentidos (1976) – film célebre por la controversia que supuso al incluir escenas pornográficas reales – yo creo que sus películas de los 60 son bastante superiores y más interesantes. El Ahorcamiento es una crítica a la pena de muerte y al arraigado racismo de la sociedad japonesa a partir de una anécdota: un coreano condenado a muerte sobrevive a su ahorcamiento y pierde la memoria. Para volver a ejecutarlo la ley obliga a que sea consciente de sus actos, así que los funcionarios de prisión intentarán que recuerde su pasado para poder ahorcarlo de nuevo.

Otras películas del mismo director o estilo: El Entierro del Sol (1960) de Nagisa Oshima y Doble Suicidio (1969) de Masahiro Shinoda.

hanabi1. Hana-bi (1997) de Takeshi Kitano

Takeshi Kitano es uno de esos ejemplos por excelencia de artistas que no son reconocidos en su país. A finales de los años 90, él era uno de los cineastas japoneses más aplaudidos en occidente y sus films eran recibidos con los brazos abiertos en los festivales más importantes del mundo. En cambio, en su tierra natal no consigue que le tomen en serio. Quizá influya el hecho de que sea el creador de Humor Amarillo y para el imaginario nipón su figura irá siempre asociada a ese programa de televisión y no a un cineasta serio. A nosotros en cambio nos parece maravilloso que el creador de uno de los hitos televisivos de nuestra infancia sea también un artista tan remarcable.

Aunque inicialmente empezó como director de acción, con el tiempo Kitano fue pasando a un tipo de cine más introspectivo y con más ínfulas artísticas. Para mí Hana-bi es el término medio perfecto entre ambas etapas: contiene sus dosis de violencia habituales pero combinadas con una historia más melodramática en la que el personaje que interpreta él (siempre serio e hiératico) logra encajar en ambos mundos.

Otras películas del mismo director o estilo: El Verano de Kikujiro (1999) y Dolls (2002) de Takeshi Kitano.

nadiesabe+1. Nadie Sabe (2004) de Hirokazu Koreeda

Ya a finales del siglo XX, Japón perdió su hegemonía como el país exportador de cine oriental por excelencia y tuvo que competir con otras cinematografías como China, Corea o Taiwán, que aportaron al resto del mundo talentos como los de Wong Kar Wai, Jia Zhangke, Zhang Yimou, Park Chan-wook, Tsai Ming-liang, Hou Hsiao-hsien y demás nombres terriblemente difíciles de memorizar y escribir.

Uno de los cineastas japoneses más aclamados en los últimos años es Hirokazu Koreeda, quien se dio a conocer internacionalmente con esta maravillosa película basada en hechos reales sobre unos niños que se quedan solos en un piso al desaparecer repentinamente su madre. A día de hoy es uno de los directores japoneses más prestigiosos a nivel internacional.

Otras películas del mismo director o estilo: Still Walking (2008) de Hirokazu Koreeda y Eureka (2000) de Shinji Aoyama.

Por Boris Lermontov – diezmasuno.wordpress.com

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