Diabolique Cabaret o un nuevo orden feminista


El performance es resistencia. Una mujer asumida es el arma mas poderosa.

Una conversación con la mente detrás del Diabolique Cabaret. 

Entrevista por Shir Camacho para Canal Cultura

Elvira Lavey es una militante libertaria. Milita con el cuerpo, como su única arma y campo de batalla. Está decidida a tomar el camino más polémico e injuriado porque es una mujer que solo puede vivir fiel a sí misma. Desde muy niña eligió sus ropas, su música, sus libros, sus ídolos. Exploró todas sus curiosidades, rechazó vehementemente todo lo que le parecía hipócrita de la religión, de los prejuicios sexuales, la doble moral de la sociedad y la censura.

Por estos días se encuentra en la ciudad de Cartagena de Indias donde se presentará por primera vez con su proyecto Diabolique Cabaret. Un performance que engloba desde sus más atrevidas curiosidades y empecinadas luchas hasta sus más inspiradoras pasiones. Esta barranquillera pareciera caracterizar con su imponente presencia el emblemático nombre que históricamente engalana a su ciudad natal “La puerta de oro del caribe” como si fuera ella misma la anfitriona esbelta y poderosa que se descubre al abrir las puertas de un templo.

El encuentro fue acordado en la Casa del Túnel, una casa colonial en el barrio Getsemaní. Allí pernocta ella desde hace casi un mes, realizando sus etnografías e investigaciones como ella misma dice. Una reja de hierro del siglo pasado antecede una puerta de madera grande y robusta. Adentro se escuchan los tres golpes de la aldaba. Unos segundos después aparece ella. Parece que acabara de tomar una ducha, porque tiene el rostro fresco y su cuerpo está apenas cubierto con una manta de seda negra y dorada. Me hace pasar hasta la habitación. Tomo asiento y espero a que ella termine de preparar el café.

Es hora de empezar la entrevista, me dice entre risas, es mejor que solo nos dispongamos a conversar. Entonces hagamos esto más cómodas dice, mientras se para frente al espejo y se quita lentamente la manta de seda que la cubre. Ahora está completamente desnuda, en su estado más confortable. Luego se gira entorno a mi y me invita a hacer lo mismo.

Contemplate, dice de pie frente al espejo. Es extraño, pero el momento más vulnerable de una persona es estar desnudo y el estar allí, expuesta con tu vulnerabilidad, compartiéndola conmigo o como yo, compartiéndola en el escenario con todos, portándola como un arma, es un momento de mucho poder, le guste o no a la gente. Creo que en tu momento más vulnerable puedes encontrar la mayor fuerza. Estoy consciente de ello, es mi cuerpo y yo puedo portarlo así, porque lo quiero, porque es natural, porque es bello y es bello no porque haga ejercicio y tenga el culo grande, ni porque el tuyo sea flaco y esbelto, es bello porque es mi cuerpo, es mi templo. La gente debería probar algún día eso de desnudarse en público, podríamos asumir mejor muchas otras cosas, como la naturalidad sobre todo. ¿En qué momento se volvió tan pecaminosa la desnudez?.

– Entonces, para ti ¿desnudarse públicamente también es un acto político?

En estos tiempos si. Desnudarse si es un acto político, es un acto político porque yo soy dueña de mi cuerpo, yo estoy diciendo lo que quiero, yo lo estoy mostrando como quiero y si, no siempre voy a asumir mi desnudez como algo épico y divino y sagrado, si porque si lo es, pero también tengo derecho. Hay veces que quiero que me miren con deseo, con lascivia, quiero y me encanta eso y también me alimentó de eso, y hay veces que quiero ser objetivizada y hay veces que quiero ser venerada y tengo derecho a eso, es mi lucha, es mi feminismo exigir poder sentir y ser lo que quiera ser.  Hay muchas visiones de feminismo, pero feministas somos todas, feministas podemos ser todas y todos desde todas nuestras diferentes maneras, porque el ser femenino tiene múltiples aspectos, y claro, en este sentido creo que la provocación es un arma y es un arma poderosísima porque cachetea a la gente, la despierta, la hace decir cosas, genera discusión, las hace cuestionarse; estar viendo esas cosas en el escenario y viendo que están siendo validadas por una parte de la sociedad, tanto que te guste o no te guste eso te va a poner a pensar, bien o mal pero te va a poner a pensar.

– ¿Cuáles son los temas de lucha que abandera Elvira con su Diabolique Cabaret?

Desde el principio la libertad ha sido el tema principal. Temas toco muchos, es muy variado. Lo mismo de cuando yo era DJ que me preguntaban qué género musical ponía. Es difícil clasificar eso. Sabes, no creo que eso sea un solo tema, creo que hay un discurso, o unos puntos en común, pero creo que el tema siempre va a ser la libertad, la libertad de la mujer y del hombre también, de expresarnos libres, como animales sexuales que también somos, la mojigatería, la doble moral y la censura que está tan de boga en nuestros días. Como han mutilado esas cosas el arte!, hoy en día no se podría hacer películas que se hacían en los 70s, hoy en día no se podrían pintar cuadros que se pintaban en 1800. Hace poco una campaña en internet buscaba reunir 10.000 firmas para que el Metropolitan de New York retire el cuadro “Thérese Dreaming” de Balthus por se considerado “sexualmente sugerente”, entonces, acaso no es el arte uno de los medios más significativos que tenemos para reflexionar sobre momentos presentes y de la historia y observar la distinta evolución de las culturas en sus expresiones creativas. Nos estamos volviendo más psicóticos con eso, en vez de evolucionar yo siento que involucionamos.

– Digamos que tu praxis individual te ha llevado a trabajar por tus propias preocupaciones antimoralistas y en el camino se vieron representados tantas personas que se fue transformando, tal vez, en una forma de activismo.  En ese sentido ¿consideras que el Performance es un arte que crea memoria, es un arte por el cual se puede resistir a la represión de la libertad que tanto buscas?

Si lo creo. Creo en la potencia del performance para comunicar, transgredir, alzar una voz, cuestionar una sociedad que necesita ser sacudida hasta los cimientos. Creo que puede ser una terapia, un escape y un despertar. El performance es resistencia. Una mujer asumida es el arma mas poderosa. “Una mujer que no tiene miedo a los hombres le da miedo a los hombres”. No se puede pretender tratar de revolucionar al mundo con un discurso desde una posición de comodidad absoluta. Desde el performance puedo usar el cuerpo a mi manera, con fuerza e incluso con ancestralidad, es decir, mi lucha tiene memoria de otras luchas y en ese sentido yo sigo construyendo una memoria desde lo corpóreo para la interpretación y decantación de otras generaciones.

– Ser mujer, abanderada de la libertad sexual, feminista, queer, es una posición bastante arriesgada y reprochada en muchos países del mundo. Además, la forma como tu abanderas la lucha puede ser fácilmente criticada por otras corrientes del feminismo que están completamente en contra de objetivizar el cuerpo de la mujer. ¿Crees que tu cruzada feminista puede ser tan significativa como el aporte de las feministas de otra época, un feminismo mucho más cauto e intelectual como el de Simone de Beauvoir, por mencionar alguna?

Simone de Beauvoir me hubiera amado, empecemos por ahí. Ella era una mujer brillante, una feminista que si pensaba como ser feminista de verdad, de hecho, eso se transluce perfecto en una frase que dijo sobre Brigitte Bardot y explicaba porque ella consideraba a Brigitte como feminista y los demás no. Desde las cortesanas que en palabras de Simone de Beauvoir crearon para si mismas una situación casi equivalente a la de un hombre, libre en su comportamiento y su conversación, hasta Brigitte Bardot a quien Beauvoir hallo a una abanderada del genuino feminismo porque, cito: “sigue sus instintos, come cuando tiene hambre y hace el amor cuando le apetece, deseo y placer son para ella una regla mayor que los convencionalismos, no critica a nadie, hace lo que le viene en gana y por eso es tan turbadora”. Y bueno, no creo que sea mejor ni peor, si creo que hay un impacto social contundente, obviamente el cuerpo desnudo llama la atención y lo que yo hago que es enaltecer esas figuras de mujeres salvajes, demoníacas, vampiresas que son mis personajes favoritos o diosas, que a las diosas el catolicismo las rechazó y las paganizó por puro miedo porque en realidad el hombre débil siempre ha sentido miedo de las mujeres, y tienen mucha razón de tenerlo.

– ¿Crees que tienes una responsabilidad con el resto de las mujeres, ya que de cierta manera, en menor o mayor medida nos representas?

Lo que yo siempre he pensado al respecto es que antes que nada tengo una responsabilidad conmigo misma y mi responsabilidad conmigo misma es ser fiel a mi, entonces, en el momento en que yo sienta que por representar un género o a un grupo o algo me estoy traicionando a mi, no estoy haciendo las cosas bien. Pienso que si soy capaz de inspirar, o si logro algo, o si puedo ayudar me parece fantástico, pero no siento que tenga una carga de responsabilidad con eso. Yo me siento muy feliz en el plan de socializar, de decir algo, de confrontar a otros incluso con lo que yo represento. Entre más poder se tiene la responsabilidad sigue siendo más fuerte con una misma, tratar, sobre todo, de mantenerse consecuente en el camino a la felicidad y a la propio realización.

Mi vida personal ha sido mucho más criticada que mi trabajo y eso es algo con lo que definitivamente aprendí a vivir, y es que, de hecho, es la manera como yo legitimo, para bien o para mal, que toco fibras en otros, que muevo el piso de su aletargado convencionalismo y que confronto mucho de los bajos instintos, los prejuicios, la moral y las abarrotadas creencias.

A punto de cumplir tres años el proyecto de Diabolique Cabaret se presenta por primera vez este 30 y 31 de marzo en la ciudad de Cartagena. Con un show en el que se personifican y se reescriben momentos de la historia y de la colonización. Con un casting de performers oriundos de la ciudad, el espectáculo promete incomodar, conquistar y dar de qué hablar, al mejor estilo satírico y sagaz del Diabolique Cabaret.

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