Apuntes de un cronista “Low Cost”


Hay festival - Canal Cultura - Joaquin Sarmiento

Vivimos en una época en la que los escritores viajan más que sus libros. Algunos autores tienen más espectadores que lectores. Un periodista y director de teatro español se inspiró en una serie de aforismos de Cioran para relatar su paso por el Hay Festival de Cartagena.

Por Marc Caellas
Especial para Cartel Urbano – Canal Cultura
Fotos: Joaquin Sarmiento Cortesía: Hay Festival.

El día antes de volar a Cartagena me llevo prestado de la casa de una amiga actriz en Bogotá un libro de E.M. Cioran: Ese maldito yo. Empiezo a leerlo en el avión y se me ocurre que sus aforismos pueden ser una referencia para contar algunos momentos de un Hay Festival en el que ejerzo de cronista low-cost.

  “Pobre del escritor que no cultive su megalomanía, que la vea menguar sin reaccionar. Pronto se dará cuenta de que uno no se vuelve normal impunemente.”

 Sospecho que nunca antes sucedió. Vivimos en una época en la que los escritores viajan más que sus libros. Algunos escritores tienen más espectadores que lectores. Lo mínimo que podrían hacer entonces es desarrollar algún tipo de habilidad escénica. Pero no. Apenas se les pide que conversen informalmente con un interlocutor que a menudo ni se leyó los libros de su entrevistado. En este Hay Festival, además, se da la circunstancia de que fueron invitados varios autores ingleses que ni siquiera tienen un libro traducido al castellano. Es posible que nadie de la sala haya leído nada de David Szalay o de Sunjeev Sahote ¿Por qué vinieron a escucharles? ¿Cuál es el encanto de escuchar a un escritor al que no has leído?

 “Hay algo de charlatán en todo aquel que triunfa, sea en la materia que sea.”

 

Un teatro lleno recibe a Felipe González, ex presidente español. Felipe triunfó primero en política, luego en el diseño de joyas y ahora pretende labrarse una carrera en el mundo editorial. Ha publicado un libro sobre el liderazgo en el siglo XXI. Siempre desconfío de las charlas sobre liderazgo, las impartan Ferran Adrià, Pep Guardiola o el propio Felipe. Sobre todo porque ellos nunca asistieron a ninguna charla antes de convertirse en líderes. Quizás por eso lograron serlo. Me irrita un poco el prestigio de estadista de González en Latinoamérica. No creo que nadie en Europa le invitara a ningún festival cultural.

 “Las religiones, al igual que las ideologías, que han heredado sus vicios, no son en el fondo más que cruzadas contra el humor.”

 Llego tarde a la charla de Yoani Sánchez. Antes de entrar reparo en las veinte personas que protestan contra la bloguera cubana. La llaman agente de la CIA. Gritan consignas a favor del régimen cubano. Es la única protesta en todo el festival. Curioso que sea contra una periodista que logró notoriedad escribiendo un blog en el país con el índice más bajo de conectividad a internet. Sólo por eso merece un respeto. Ahora prepara un nuevo medio digital. Quiere pasar de un proyecto individual a uno colectivo. Sin necesidad del papel. Para que no pase como en Venezuela. Y es que en Cuba, nos cuenta Yoani, las imprentas están más protegidas que los cuarteles.

 “Las hazañas sólo son posibles en las épocas en que la auto-ironía no ha hecho aún estragos.”

 Quedo perplejo ante la pasividad de Antonio Caballero frente a Enrique Santos. Toda la lucidez, mordacidad, crítica que despliega en sus artículos se evapora ante su amigo de juventud, el hermano del actual presidente de Colombia. Si tal como menciona en su columna en Semana, le molesta que el Hay sea un festival para ricos, ¿por qué aceptó participar? En uno de los pocos momentos interesantes afirma que, siendo un privilegiado, tiene dos opciones: aprovecharse de los privilegios para aumentarlos o escribir luchando contra ellos ¿Por qué no aprovecha este foro, sobre periodismo y política, para decirle a su contertulio lo que piensa sinceramente del medio en el que Santos ha sido columnista y director tantos años? Los insatisfechos aquí no son los que se quedaron sin boleta, sino los que perdimos una hora en una charla insulsa y prescindible.

 “Lo esencial surge con frecuencia al final de las conversaciones. Las grandes verdades se dicen en los vestíbulos.”

Coincidir con el escritor brasileño Marçal Aquino y el periodista Alfonso Borges en la Esquina del Habano, y pasarse la tarde conversando de literatura, mujeres y fútbol. Almorzar en La Mulata con el rentista irlandés Ian, quién escribe un libro sobre el disfraz, ambientado en el Carnaval de Barranquilla. Beber unos tragos con una canadiense empleada en una empresa que construye una refinería a las afueras de Cartagena. Reencontrarse con la editora chilena Andrea Palet mientras esperamos nuestro vuelo de regreso a Bogotá. Momentos más auténticos que cualquiera de los eventos oficiales.

“Si la amistad es interesante es porque resulta, casi tanto como el amor, una fuente inagotable de desengaños y de rabias, y por ello de sorpresas fecundas de las que no sería razonable desear abstenerse.”

Me cuentan que una bogotana que solía considerar mi amiga ahora habla mal de mí. Luego me entero que su adaptación a la vida cartagenera no es fácil. Sale con un tipo con dinero, pero tiene que aguantar comentarios de la suegra del tipo: “ah, ¿cobraste?, muy bien, ahora tendrás platita para hacer mercado”. Sus amigas no entienden cómo lo soporta. Yo sí.

“No habría que escribir nunca sobre nadie. Tan convencido estoy sobre ello que cada vez que no tengo más remedio que hacerlo, mi primer pensamiento es atacar, incluso si lo admiro, a aquel de quien debo hablar.”

Una repentina enfermedad de su hijo mayor hace que Emanuelle Carrère tenga que regresar urgentemente a París, dejándonos con la miel en los labios. Esperaba con ganas escuchar los argumentos de un escritor que logró escribir buenos libros (¡que no novelas!) partiendo de la vida de personajes fascinantes, como el asesino francés Jean-Claude Romand o el poeta y activista ruso Eduard Limónov. Hubiera sido ideal confrontarlo con Alberto Salcedo Ramos, magnífico escritor con un aproximamiento a las personas que inspiran sus crónicas radicalmente distinto al de Carrère. Por desgracia, esta vez a Salcedo le toca soportar los chistes de Juancho Armas Marcelo, escritor canario que aún cree, en pleno siglo XXI, que un cronista, en realidad, lo que quiere, para ser feliz y sentirse realizado, es publicar una novela.

“El exceso de deliberación perjudica a todos los actos. Disertar demasiado sobre la sexualidad equivale a sabotearla. El erotismo, plaga de las sociedades crepusculares, es un atentado contra el instinto, es la impotencia organizada. No se reflexiona sin riesgo sobre las proezas que no necesitan la mínima reflexión. El orgasmo jamás ha sido un acontecimiento filosófico.”

La siesta es posiblemente la mejor hora para retozar en una cama bien acompañado. Me sorprende que tú, Pere Estupinyà, presentado en el programa como químico y divulgador científico, y escritor de La ciencia del sexo, no estés de acuerdo y aceptes impartir tu charla a esta hora intempestiva. No te lo perdono ¿El nuevo Dr. Masters es catalán? Me asaltan las dudas después de escucharte decir que no vas a contarnos lo que de verdad pasó en el club de swingers al que fuiste a “investigar” ¿Por qué te proteges con esta jerga pseudocientífica? No seas así. ¡Cuéntanos algo que hayas sentido en la piel, Pere! Deberías leer las crónicas gonzo de Gabriela Wiener, donde quedan fuera los pudores y las represiones. Cuando para justificar que has “demostrado” que el sexo es irracional, ¿acaso no lo sabíamos?, pones como ejemplo las dudas que te entrarían a la hora de acostarte con una mujer atractiva que te confesara haber estado con hombre antes sin usar preservativo, pienso en la doctora Johnsons, en Lizzy Kaplan, en Anne Sexton y viajo muy lejos del Hotel Santa Clara.

“Todo el mundo me exaspera. Pero me gusta reír. Y no puedo reír solo.”

Cada noche es fiesta en el Hay Festival. Se sabe, los escritores no duermen bien sin unos tragos encima. La fiesta de la FNPI: buena comida árabe, buena música, pocos y malos tragos. La fiesta de Arcadia: llegada en carroza y Chivas 12 años a discreción. La fiesta de Margarita Valencia: agradables mojitos al lado de la piscina. Muchas risas. Poca diversión.

“Leer es dejar a otros padecer por nosotros. La forma más delicada de explotación.”

El formato de conferencia está caduco. Está más que probado que es ineficiente como método de discusión del pensamiento y, como mucho, podemos concederle que es una manera como cualquier otra de transmitir información. Las limitaciones del género se ponen aún más en evidencia cuando el conferenciante lee. El desarrollo de las ideas es lento y el lenguaje excesivamente formal. Es el caso de Ricardo Piglia ¿No sería maravilloso que las conferencias se convirtieran en piezas de teatro? ¿Por qué no existen dramaturgos especializados en conferencias literarias? Desde ya ofrezco mis servicios.

“Cada acontecimiento sólo es un mal augurio más. De vez en cuando, sin embargo, una excepción que el cronista exagera para crear la ilusión de lo inesperado.”

cartelurbano.com

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