Un poeta loco y desaforado


Raul Gómez Jattin

Y en tu sexo el milagro de una mano que baja
en el momento más inesperado y como por azar
lo toca con ese fervor que inspira lo sagrado

Por  Aleja Rojas González  | Paraisocultural |Canal Cultura

Cuando pienso en uno de los mejores poetas de Colombia, pienso en Raúl Gómez Jattin, quien para muchos fue un genio, extraordinario poeta que dominaba cinco idiomas: inglés, francés, español, latín y griego, así como para otros fue un hombre agresivo, drogadicto, homosexual… en estas dos posturas se refleja la compleja y enigmática personalidad de este artista cartagenero que tuvo una vida marcada por los contrastes, las emociones y pasiones sin límite.

Raúl Gómez Jattin nació el 31 de mayo de 1945 en Cartagena de Indias, aunque el mundo lo tiene por cereteano, porque de Cereté Córdoba era su familia y allí pasó su infancia. Su padre fue Joaquín Pablo Gómez Reynero y su madre Lola Jattin, nacida en Colombia de padre libanés y madre siria. Este poeta fue educado en varias poblaciones de la costa norte del país.

A los 20 años llegó a Bogotá a estudiar derecho en la Universidad Externado de Colombia. Era un joven de provincia, tímido, respetuoso, inteligente y buen estudiante; pero sin vocación. Estudiaba derecho por imposición paterna, hasta que en el teatro encontró su lugar, entró a trabajar con el grupo de teatro experimental de su universidad, bajo la dirección de Carlos José Reyes y participó durante años en un montaje tras otro.

Para aquellos que tuvieron la oportunidad de verlo actuar lo recuerdan cómo un excelente actor, muchos dicen que de los mejores que tenía el país. Un actor inmenso con vozarrón grave y profundo y ademán aristocrático que vivía para el teatro y parecía destinado a no hacer otra cosa. Infortunadamente al público no le gustó el montaje que presentó llamado Las nupcias de su excelencia y por lo tanto decidió dejar todo atrás y volvió a Cereté en donde vivió en un propiedad que había comprado su padre muy cerca de la casa familiar al que puso nombre Mozambique, como las canciones de Bob Dylan y de sus admirados Richie Ray y Bobby Cruz.

Fue allí en Cereté donde comenzó su locura, ataques que le daban de tanto en tanto que lo llevaron a la vorágine de hospitales, drogas psiquiátricas e idas y vueltas de la normalidad a la locura. Y cómo Raúl era excesivo en todo, fue excesivo también en su locura, los ataques que le daban eran frenéticos. Los amigos decían que en esos momentos se volvía intratable, insoportable e inaguantable.

En esos años empezó a escribir poesía, poema tras poema que hacía lo guardaba y lo enviaba a sus amigos sin más pretensiones. Hasta que uno de ellos, el más cercano a él, se dio cuenta que los poemas de Raúl eran muy buenos y merecían ser publicados. Él mismo se encargó de la edición de su primera obra, que luego sería conocida como Poemas (1980). Años después vendría Tríptico Cereteano (1988), la trilogía integrada por Relatos, Amanecer en el valle del Sinú y Del Amor, la cumbre de su obra. Ahí están algunos de los temas más escabrosos, tal vez los que más lo identifican entre quienes apenas lo conocen: drogas, amores prohibidos, divagaciones de niño con empleadas domésticas rebosantes de lujuria, iniciaciones zoofílicas con terneras, con gallinas…

En 1989 publicó Hijos del tiempo, una obra más serena que el Tríptico, donde el protagonista ya no es él mismo sino otros: Micerino, Teseo, Medea, Homero, Penélope y Odiseo, todos inspirados en su pasión por la literatura griega, al principio parece que esos poemas no fueran suyos pese a que ahí se encuentra el estremecedor poema final a su madre Lola Jattin.

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La edición en 1994 de la antología Poesía 1980-1989, que recoge buena parte de sus tres primeros libros, lo dio a conocer a un público amplio. Es una antología de autor, que incluye sólo los poemas que Raúl quiso y que hasta cambia algunos. Su última publicación, Esplendor de la mariposa (1995), ya no es, un buen libro ya que se limita a sus historias de manicomio y encierro.

Los poemas de Raúl están relacionados profundamente con la naturaleza y el amor. Dedica una gran parte de su poesía a narrar parte de sus experiencias sexuales, las cuales une a su concepción profunda de la naturaleza, en donde todo en ella es susceptible de ser penetrado; concibiendo que la gran religión es la metafísica del sexo. Otra gran parte de su obra está dedicada al paisaje y la vida en los pueblos cercanos a la rivera del río Sinú. En ellos habla de las frutas, los animales y el paisaje de esta zona del norte de Colombia.

CASI OBSCENO

Si quisieras oír lo que me digo en la almohada
el rubor de tu rostro sería la recompensa
Son palabras tan íntimas como mi propia carne
que padece el dolor de tu implacable recuerdo

Te cuento ¿Sí? ¿No te vengarás un día? Me digo:
Besaría esa boca lentamente hasta volverla roja
Y en tu sexo el milagro de una mano que baja
en el momento más inesperado y como por azar
lo toca con ese fervor que inspira lo sagrado

No soy malvado Trato de enamorarte
Intento ser sincero con lo enfermo que estoy
y entrar en el maleficio de tu cuerpo
como un río que teme al mar pero siempre muere en él

Pocos poetas de nuestra tradición han amado tanto a su tierra de origen, como Raúl Gómez Jattin, eso es inquietante debido a que la mayoría tiende a imaginarlo como un nómada sin lugar en el mundo, como ese eterno personaje de Kafka que anhela en vano ocupar un lugar en alguna parte. Su mundo era nítido, tenía como decía un corazón de mango del Sinú y en ninguna parte de sus versos se siente más plenitud de vivir como aquellos que describen su tierra.

Era dueño de una personalidad vigorosa, de un individualidad poderosa que quiso bastarse y que le permitió apartarse de las costumbres de los otros, entregándose a las llamas de su delirio e incluso de destruirse a sí mismo. Por eso en su poesía reflejaba sus más íntimos pensamientos como “La poesía es la única compañera, acostúmbrate a sus cuchillos, que es la única”.

¿Se habría suicidado? ¿Se le lanzó una buseta? no, él no se habría suicidado una mañana de mayo de 1997, no era algo propio de sus maneras aristocráticas y además era un hombre cobardón. Debió ser un accidente, un atropello a esas horas cuando los buses bajan a toda velocidad.

Sus amigos más cercanos lo recuerdan como un hombre elegante, digno, culto, siempre cantando a Serrat y hablando de los griegos, preocupado por ser bien visto y porque se apreciara su poesía. Asimismo era un hombre que sabía de su condición de enfermo y de drogadicto y que quería curarse.

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Cuando aún gozaba de reconocimiento, Jattin recibió del gran poeta Jaime Jaramillo Escobar una carta de homenaje diciendo “eres el viento, eres un potrillo, eres el río que arrasa, no limitas con nada, no tienes cuñados en el cielo, no tienes participación en la bolsa de valores, eres un bruto, eres Atila, eres el mismísimo Adán, Dios en persona completamente loco deshojando los bosques y tirando las hojas al aire, eres el ciclón, la barriga pelada, el escándalo furioso, todo lo que yo no soy ni hay aquí poeta que lo sea, eres el fauno, el unicornio, el centauro, el volcán, eres el putas…”

Relacionado:

Homenaje a Raúl Gómez Jattin

Raúl Gómez Jattin en Casa de Poesía Silva

Recopilación de archivos inéditos de Raúl Gomez Jattin en El Malpensante

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