La maté porque era mía


A Fátima la casaron un día porque ya había llegado el momento de encontrarle un marido. Poco importaba si Fátima quería casarse o si hubiera elegido a Omar como compañero de vida. Omar la devolvió a su familia un mes después, como si de un producto defectuoso se tratara.

– No es virgen – sentenció.

El padre y el hermano de Fátima la apalearon. Nadie sabe si Fátima lloró o imploró clemencia. Sólo que su cuerpo se encontró un día flotando sin vida en el Mar Muerto. Los resultados de la autopsia revelaron que Fátima murió ahogada.

Y virgen.

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Esta historia es real. Los nombres, no.

Se calcula que en Jordania mueren al año alrededor de veinte mujeres a manos de sus familiares, en lo que se conoce como “crimen de honor”. Mujeres que mueren acuchilladas por haberse negado a casarse con el hombre que su familia les eligió para así poder continuar con su educación. Mujeres que mueren cosidas a tiros por haber abandonado a un marido que las golpeaba y violaba. Mujeres que mueren degolladas por ser vistas hablando con otro hombre y, por lo tanto, ser sospechosas de adulterio. Mujeres que mueren en su noche de bodas al ser estranguladas por su recién estrenado marido que las acusa de no ser vírgenes. Mujeres que mueren a causa de la paliza que su hermano pequeño les propinó por haber sido violadas por su hermano mayor. Mujeres embarazadas. Mujeres que acaban de dar a luz. El modo y la causa de los asesinatos son tantos como la imaginación que cada uno le quiera echar.

Estos crímenes encuentran su justificación en un complejo código de honor fruto de la tradición y las normas sociales. Si la virtud de una mujer se pone en cuestión, ya sea porque se cree que ha violado las normas de conducta sexual, ya sea porque ha sido víctima de una violación, incesto, abuso sexual o rumor que pone en entredicho su castidad, un hombre de la familia tiene que matarla para poder restaurar el honor de la familia. También pierden el derecho a la vida si se niegan a obedecer la voluntad del padre, marido o hermano. Otras veces el crimen de honor oculta otros crímenes (como el de negarse a prostituirse en el negocio familiar) o disputas de herencia.

En Jordania, ha habido intentos de reformar el Código Penal para que los crímenes de honor se equiparen a los asesinatos y homicidios. Se ha hecho algún avance al respecto, y algunos hombres han sido condenados a hasta 15 años de prisión (en vez de tan sólo unos meses como solía ser la regla). Sin embargo, si la familia retira los cargos, lo que no es inusual (no olvidemos que es la propia familia la que comete el crimen), el condenado pasa menos tiempo entre rejas.

Este es sólo un ejemplo más de violencia de género en el mundo. Tan condenable como el de las mujeres que mueren en España víctimas de la violencia doméstica. Por poner otro ejemplo.

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Gracias a: http://lapuertaentornada.wordpress.com/

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2 comentarios

  1. Lamentable es así,pero también estamos a la vera de decir no mas y las mujeres están dando la pelea por sus derechos.Sin embargo se necesita mas apoyo del estado y sus representantes.

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